"VARIETE DE LAS TABAS"
Luces y sombras del viejo cabaret
Un show delirante que capitanea Noralih Gago. Se lucen Matilde Campilongo, Marcelo Keller y Silvia Villazur.
Sábado 17 de mayo de 2008 | Diario Clarín.
Por: Sandra Commisso
Tres personajes extravagantes que no se reconocen en su delirio. Varieté de las Tabas es una propuesta en donde la música y el humor forman un combo efectivo y entretenido. Los tres protagonistas, interpretados por Matilde Campilongo, Marcelo Keller y Silvia Villazur se transforman, constantemente, de una máscara en otra, en busca del absurdo.
Como olvidadas y decadentes estrellas de cabaret, las mujeres persiguen un sueño que saben, de antemano, que ya no podrán alcanzar. En esa patética y poco resignada actitud reside, por cierto, su gracia.
La puesta en escena y dirección es de Noralih Gago, una experta en el género: entre otras cosas fue la antológica Concha del Río en El 3340, con humos de cabaret que se convirtió en pieza de culto para público y especialistas. Ahora, desde la conducción de este trabajo, demuestra originalidad y capacidad de disfrute para los personajes grotescos y queribles.
La escenografía de Norma Kichy Gatti es un acierto. En la parte posterior del escenario, un telón hasta la mitad deja al descubierto únicamente las piernas de los actores que se conviertan en verdaderos protagonistas. Con pasos precisos, elegantes, románticos o coléricos, los tres pares de piernas transmiten pura expresividad y hasta se las puede oír en diálogos imaginarios.
Por otra parte, en ambas esquinas del escenario, dos marcos iluminados desde adentro, hacen las veces de cajita musical, portarretrato, fotograma y algunas variantes más que le dan un efecto llamativo al espectáculo. Precisamente la iluminación, de Ignacio Spaggiari, funciona totalmente ensamblada con esta idea y la luz se convierte en un recurso fundamental de la pieza.
En el Varieté de las tabas, se destacan el histrionismo de Matilde Campilongo y la habilidad para el baile de Marcelo Keller, ambos responsables, además, de la coreografía.
Keller logra reírse de sí mismo y de su pasado como susano del programa de Susana Giménez y pone a prueba todo el tiempo su capacidad de bailarín frente a su despliegue de criaturas exageradas, casi grotescas como cuando entona el tema Quinceañera (de las mexicanas Thalía y Lucero).
A su vez, Campilongo sorprende con su capacidad camaleónica, pasando de cabaretera sexy a empleada doméstica casi iletrada y fanática de la bailanta que resulta desopilante.
El recorrido musical zarandea al espectador entre varios géneros: de la balada al tango con Querida (de Juan Gabriel) Tú y yo (de Alberto Horst, a cargo también de la dirección musical), Sentimental journey o Baldosa floja. Un viaje delirante que vale la pena probar. |