Nelly Olson


Nelly OlsonLa niña más rubia, malcriada
e insoportable de todo Minesotta

Con Carlos Da Silva
Y dirección de Gastón Cerana

La pequeña Nelly Olson despliega en este unipersonal todo su encanto para la maldad. No sabemos si sigue siendo una niña, aquella misma que se mostraba altiva e insolente en La familia Ingalls, pero hoy en la Argentina tiene todavía mucho para decir sobre la filmación de los episodios de la serie y de su intrincada relación con Laura Ingalls. Mucho humor e ironía en esta puesta de Gastón Cerana.

Autor: Gastón Cerana
Intérprete: Carlos Da Silva
Música: Leandro Fresco
Diseño de vestuario: Carlos Da Silva
Escenografía: Da Silva - Cerana
Diseño de iluminación: Gastón Cerana
Pelucas: Daniela Lieban
Preparación vocal: Graciela Hernández
Realización audiovisual: Gustavo Chantada
Fotografía: Paula Meizoso
Fileteador: Silvio R. Marzolini
Realización pata de pavo: Bárbara Carceller
Prensa: Duche & Zárate
Producción general: Tamara Gutiérrez
Director asistente: Gonzalo Facundo López
Puesta en escena y dirección: Gastón Cerana

Nelly Olson es un personaje que se ha instalado en el imaginario de una generación como contraejemplo de humanidad que dio la sociedad americana a los niños del mundo a través de la serie “La Familia Ingalls”.

La legendaria “Nellie Oleson” - como originalmente se escribe -, fue un icono más que identificatorio de los malos sentimientos conque pueda crecer un niño, que mira la tele tomando su merienda.

Para este espectáculo que la tiene de protagonista, he traducido algo más que su idioma. He querido traducir su vocabulario, su imagen, su proveniencia social y por último, poner al día su enojo y su resentimiento contra Laura Ingalls y demás niños argentinos - por eso también, hemos castellanizado el deletreo de su nombre.

La Nelly Olson que versionaremos, ha sufrido un cambio fundamental y determinante en su imagen. Es mulata. Por lo que en este caso, no es el actor quien se meterá en la piel del personaje, sino que es Nelly Olson quien se meterá en la piel del actor Carlos Da Silva.

La puesta en escena de este espectáculo fue diseñada cual si la misma niña la hubiera diseñado, ya que es éste el espectáculo que traería Nelly Olson a la Argentina, aprovechando la fama internacional que ha ganado con la serie alrededor del mundo.

Su dramaturgia combina prosa con verso e intercala parlamentos en lenguaje neutro con parlamentos en criollo.

Nelly Olson fue la excusa para jugar a la maldad sin límites; para hablar de la discriminación, la intolerancia, la perversión, el odio, la envidia, la violencia, los denominados “malos sentimientos” en todas sus formas. Y a su vez, para indagar en la relación entre la educación impartida por las políticas de países del primer mundo y la del tercer mundo que aún se deslumbra con el universo americano.

Gastón Cerana

 

El padecimiento de Laura Ingalls
Dirigido por Gastón Cerana y protagonizado por Carlos Da Silva, un unipersonal memorable sobre un ícono televisivo.

Marina Zucchi / Clarin

Advertencia Uno, antes de pasar por boletería: para disfrutar la obra en cuestión es vital ser eximio conocedor de La familia Ingalls o, al menos, del siniestro personaje de Nelly Olson. Los guiños de la historia sólo pueden descubrirse mediante un background de la mítica serie. Advertencia Dos: si la perversa Nelly (ícono que marcó a una generación) era objeto de odio, al salir de la función se transformará, mágicamente, en una criatura adorable gracias a su delirante y contundente parlamento.

Hechas las salvedades, puede decirse que el unipersonal Nelly Olson, -dirigido por Gastón Cerana y protagonizada por Carlos Da Silva en el Teatro Anfitrión-, representa una parodia bien lograda de aquella criatura que vivía para hacerle imposible la vida a la noble hija de ficción de Michael Landon en los setenta. Esta versión moderna y recargada de Nelly es mulata y caricaturesca y aún más perversa que la original. Varonil, discriminadora, guaranga, zafada y violenta, por momentos toma whisky, fuma y habla en castellano neutro pero mezcla chispazos de lunfardo. Si hasta pasará de un nombre extranjero a convertirse en "La Nely" local.

Hay más. Esta Nelly salta del siglo XIX a los umbrales del 2008: chatea con Landon, no admite en su messenger a Laura Ingalls y hasta toma prestado para su monólogo el inolvidable discurso de "carajo-mierda" de Mirtha Legrand.

La historia supone el arribo de la muchachita a la Argentina, país integrante de una gira por el globo en la que ella aprovecha para despotricar sobre su archienemiga y hundirla. Pero termina ahondando en la discriminación, en los sentimientos más bajos del ser humano y deja en evidencia la supremacía de un "primer mundo" sobre los "sudacas".

Con una escenografía austera (apenas una pizarra, un banco, un perchero, una mini heladera y un televisor), la pequeña sala recibe a los espectadores con la simpática versión electrónica del tema musical que se grabó en la mente de los seguidores de la serie. Enseguida, envuelta en un vestido multicolor, repetirá hasta el cansancio que es la más rica de Minnesotta, que cuenta con decenas de "sirvientas" y hablará despectivamente de su rival como "la pordiosera".

Más tarde, el recurso de la TV prendida desatará carcajadas: habrá destellos de la vieja serie y la pantalla quedará congelada en la imagen de cada integrante de la familia para que Nelly haga su despiadada radiografía. Desmitificará así a los nobles personajes y tejerá teorías como el por qué del éxito de Charles (el abnegado Michel Landon) con las espectadoras: "Las amas de casa desesperaban por su sudor de macho trabajador", conjetura. Y por obra de la edición, Da Silva, la Nelly "de mentiritas", también aparecerá en pantalla, contestándole a una Laura Ingalls realmente desconocida, acusada, por ejemplo, de quinielera.

La obra es un ensamble constante de delirios. Desde el vamos corre el riesgo de ser sectaria, entendible para unos pocos. Pero probablemente esté concebida con esa intención: que unos pocos ejerciten la risa a fondo.

 


 
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